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Capturados
Él viene, ella se va
El hombre de la cicatriz
Su blanca palidez
Balada vulgar
Te sonríe.
Te busca. La buscás.
Te hace tomar, le hacés tomar.
Te mira. La mirás.
Te busca, la buscás.
Te juega. Le jugás.
Te mira.
Te sonríe. Te bromea.
La provocás, te responde, la mirás, le bromeás.
Te ayuda, la ayudás.
Se acerca, te acercás.
Te dice que va al baño.
La esperás.
No vuelve más.
Cause they all drive...
La mejor fiesta de mi vida
Ojalá pudiera volver a reunirlos alguna vez.
Lo encuentro difícil.
Ese fue mi velorio.
Pulga, mi amigo
Lucho salió de su departamento en el sexto piso para comprarle comida a Pulga, su gatito. Atravesó las cuadras de Plaza Serrano entreiluminado por el sol que se filtra los mediodías brillantes entre las hojas de los plátanos. En el camino se tentó con un pequeño sweater para felinos, tejido a mano. Era el regalo perfecto para su infaltable compañero.
Al llegar a la puerta de su casa encontró un grupo de viejas con bolsas de mandados rodeando un algo que despertaba sus más consternados suspiros. Un hombre ofuscado gritó en tono indubitablemente popular: "¡En este barrio llueven gatos, llueven! ¡Casi cabeceo una bola de pelos!" Lucho no quiso deducir lo obvio; forzaba su ceño para evitar lagrimear por adelantado. Se abrió paso entre las señoras y su cara se desfiguró de reprimida tristeza al constatar la escena. Profundamente acongojado y atravesado por la irreversible daga de los hechos, se dejó caer de rodillas frente a Pulga, mientras soltaba las compras que minutos antes paseaba por Palermo, llenas de felicidad.
En memoria de Pulga, amigo inseparable de Hugo.
Estrella cotidiana
La glamourosa música con acento mexicano insiste sobre los oidos atentos del público gratis. Son coplas que surgen de la escuela más pop del buen rock inglés. Es brit pero muy a lo MTV y suena a grandes estadios. El juego de luces acompaña un cuidado show y los estridentes gritos de la docena de fanáticas que estudian en la UP hacen pensar que estamos ante las nuevas estrellas del rock latino. Y él, mexicano y medio Gallagher, anuncia un invitado. El silencio se hace largo antes de que se devele el misterio. ¿Quién será el argentino para esta escena? Sorprendentemente es uno de esos músicos bien under, de años de escuela en agendas emergentes y filosofía indie. Se lo ve más flaco que nunca, con un crecido pelo peinado con aires victorianos y un pañuelo señoral al cuello. Se calza la guitarra y empiezan a tocar, aplaudidos por la masa.
Con el mismo porte de intelectual severo consulta torpemente el precio de dos libros y pregunta si son para regalo. Los envuelve con cuidado de inexperto y procede al cobro vía posnet. Le agradezco su humilde y buen servicio y aún me sorprendo -inocente- de que sólo 24 horas antes estuviera en el ojo de la tormenta, estelarmente inalcanzable.